sábado, 6 de diciembre de 2008

Hace 80 años

¿Cuantos fueron los años en los que el estado colombiano negó la masacre de las bananeras? En "Cien Años de Soledad", prominente obra de un gran literato colombiano, tan inconsecuente con sus ideas como se pudiera imaginar, se dedica todo un capitulo a recordar ese 6 de diciembre de 1928. El olvido y la impunidad solo quedan retratadas en la obra Nobel, y en "La Casa Grande" de Alvaro Cepeda Samudio.

Ayer, como hoy, era delincuencia y vandalismo revelarse al estado. Ayer, como hoy, las multinacionales explotaban las tierras de Colombia, y de América -Si es que alguna vez nos permitieron llamarnos América-. Explotada la tierra y quienes la trabajaban, las arcas del imperio ya nacido reventaban de júbilo ignorando el sudor y la miseria que las ensanchaban.

La United Fruit Company manejaba, cual gran dictadura, los gobiernos de Latinoamérica. Destituía gobiernos desfavorables e implantaba lacayos autoritarios al servicio de la multinacional norteamericana. Con sus colegas -de explotación- consiguieron hacerse al monopolio del saqueo. La United Fruit, como la Anaconda, la Kennecott, y la Hanna Mining, se dedicaron a desvalijar la fértil tierra americana. El poder yanqui conoce la historia, y como buenos conocedores, se dedicaron a reproducir lo que los invasores de occidente venían haciendo hacia cuatro siglos atrás.

Hay males que duran cien años, pero no hay cuerpos que los resistan. Los trabajadores bananeros se revelaron contra la United Fruit. El gobierno mostró su apoyo incondicional a los invasores desde un principio. El poder bananero, concentrado en la Ciénaga del Magdalena, aprovechaba la inexistente legislación laboral mientras el gobierno giraba la mirada. Los subcontratados se levantaban pidiendo descanso dominical, mejor atención médica y un salario decente.

El 6 de diciembre de 1928, Miguel Abadía Méndez -lacayo de turno-, respondió al llamado de sus dirigentes bananeros. Con balazos atacaron los policías a los manifestantes recién congregados en la plaza. Uno tras otro fueron cayendo, hombres, mujeres, niños, el honor no importa cuando las balas van por acá y por allá llevandose la vida de quienes se atrevieron a protestar.

Dice la historia que los cuerpos fueron llevados en un tren y lanzados al mar. Los buenos dictadores aprendieron la lección, la mejor forma de eliminar un cuerpo es lanzandolo al mar, el mar, buen amigo de las dictaduras, se traga la carne, la sangre y la historia, y de su acción no quedan sino los mitos. Las cifras oficiales fueron muy nobles, admitieron nueve muertos. El consulado de Estados Unidos en Santa Marta fue un poco más realista, informaban más de 600. Los historiadores han sido más lógicos, informan alrededor de mil.

Con los muertos llenando el océano colombiano, las huelgas se eliminaron velozmente. Los negociadores aceptaron, de manera muy racional, que sus salarios se recortaran por la mitad, y con ellos, el de todos los trabajadores de la empresa. Un poco más tarde, la empresa abandonaría la región bananera, estéril, como se preveía, ya no servía para acrecentar las arcas imperiales.

80 años después, la masacre esta en el olvido. El país del olvido y la impunidad le da de comer, nuevamente, a la utopía.


Nota: En los años 60 la empresa United Fruit fue comprada por la empresa petrolera Zapata Corporation, creada por George Bush (padre). La empresa cambia su nombre por el de "Chiquita Brands". Esta empresa llegaría a controlar la industria bananera en Colombia, y ahora fue condenada por financiar el crecimiento de grupos paramilitares.